Una de las ideas que más confusión genera cuando una persona comienza su tratamiento es pensar que dejar de consumir equivale a haber superado la adicción. Sin embargo, desintoxicarse no significa haber superado una adicción. La desintoxicación permite afrontar la retirada de una sustancia y estabilizar determinadas consecuencias físicas y psicológicas del consumo, pero solo supone una parte del proceso.
De hecho, el National Institute on Drug Abuse (NIDA) señala que la desintoxicación, por sí sola, no aborda los problemas psicológicos, sociales y conductuales asociados a la adicción y, por tanto, no suele producir los cambios duraderos necesarios para la recuperación.
Por eso, es preferible hablar de fases del tratamiento de adicciones: un itinerario en el que cada etapa responde a necesidades diferentes y prepara las condiciones para la siguiente.
Tabla de contenidos:
Aunque las denominaciones pueden variar entre programas terapéuticos y las fases pueden variar, podemos distinguir cuatro grandes momentos: desintoxicación, deshabituación, rehabilitación y reinserción social, seguidos de un periodo de continuidad y seguimiento.
La desintoxicación es la fase inicial destinada a interrumpir el consumo y manejar de manera segura el síndrome de abstinencia cuando este aparece. En función de la sustancia consumida, del grado de dependencia y de la situación médica o psiquiátrica de la persona adicta, puede requerir supervisión sanitaria e incluso tratamiento farmacológico.
Su objetivo inmediato es alcanzar una estabilización suficiente para poder trabajar la fase de terapia. Por ejemplo, los programas de Guadalsalus diferencian entre abstinencia y recuperación y plantean la desintoxicación como el comienzo de un itinerario posterior, no como su final.Una vez superada o controlada la fase más aguda, comienza a adquirir especial importancia la deshabituación. Conviene matizar que, en la práctica clínica, determinados trabajos psicológicos pueden iniciarse ya durante la estabilización, ya que las fases se solapan según el caso. Lo que cambia es la profundidad y el objetivo prioritario de la intervención.
La deshabituación pretende identificar y modificar hábitos, respuestas emocionales, pensamientos y comportamientos que habían quedado vinculados al consumo. El Modelo Guadalsalus la define como un proceso de sustitución de hábitos y actitudes alterados por otros que favorezcan la calidad de vida y la integración familiar, laboral y social.
Vamos a profundizar más sobre la fase de deshabituación, ya que es clave para que la recuperación y la reinserción social se produzcan con éxito:
Dejar de consumir elimina temporalmente una conducta, pero no aquello que la activaba o mantenía. Por este motivo, las etapas de rehabilitación de adicciones deben abordar diversos planos de manera simultánea.
No existe una respuesta válida para todas las personas. La elección entre tratamiento residencial y tratamiento ambulatorio debería depender de una evaluación clínica individualizada.
Factores como la gravedad del trastorno, los antecedentes de recaídas, la patología psiquiátrica concurrente, el apoyo familiar, la estabilidad del domicilio, la exposición al consumo y el grado de autonomía pueden modificar la intensidad asistencial necesaria. Los criterios contemporáneos de la American Society of Addiction Medicine precisamente organizan los niveles de atención según las necesidades clínicas y funcionales de cada paciente, en lugar de aplicar una única modalidad a todos los casos.
En Guadalsalus contemplamos el ingreso cuando la situación física, psicológica o social supera lo que puede manejarse de forma adecuada mediante un abordaje ambulatorio. Para estos casos, contamos con un centro de ingreso para hombres y un centro de ingreso especializado en mujeres, con tratamientos diferenciados y adaptados a las necesidades de cada paciente.
La cuestión fundamental no debería ser, por tanto, qué recurso resulta más cómodo, sino qué nivel de estructura necesita la persona en ese momento para avanzar con seguridad.
Una de las etapas más delicadas comienza cuando la persona ha evolucionado bien dentro de un entorno terapéutico y debe volver a enfrentarse a su vida cotidiana.
En la comunidad terapéutica existe una estructura que limita la exposición a determinados estímulos. Fuera de ella reaparecen conflictos familiares, dinero, dispositivos electrónicos, antiguas relaciones, responsabilidades laborales, decisiones no supervisadas y situaciones asociadas anteriormente al consumo.
Por eso, recuperar autonomía no debería consistir en pasar de una elevada supervisión a una independencia completa de un día para otro. Una vuelta precipitada al entorno habitual puede incrementar la exposición a situaciones de riesgo y es uno de los factores que conviene evaluar cuando se produce una recaída después de un tratamiento de adicciones
El programa ambulatorio de Guadalsalus plantea esta transición como un proceso gradual: la persona comienza a manejar responsabilidades, horarios, dinero, encuentros familiares y decisiones cotidianas mientras disminuye de manera progresiva la supervisión terapéutica.
En determinados pacientes, los pisos terapéuticos o viviendas supervisadas pueden desempeñar una función intermedia entre el ingreso residencial y la autonomía completa.
Se trata de que la persona adicta comience a vivir en condiciones cada vez más próximas a la realidad cotidiana, conservando todavía una estructura terapéutica que permita detectar dificultades y corregirlas.
El Modelo Guadalsalus sitúa las Viviendas de Supervisión al Tratamiento dentro de esa fase de reinserción, con el objetivo de fortalecer progresivamente la autonomía personal y normalizar la vida diaria.
La investigación internacional sobre recovery housing ofrece resultados prometedores. Estudios longitudinales de D. L. Polcin y colaboradores observaron mejoras en el control del craving, empleo y otros indicadores entre residentes de viviendas orientadas a la recuperación, aunque los propios autores advierten de que se necesitan diseños experimentales más sólidos para establecer causalidad.
El tiempo transcurrido sin consumir es importante, pero no debería ser el único criterio. Una persona puede llevar meses abstinente y seguir presentando importantes dificultades para gestionar frustraciones, pedir ayuda, establecer límites o identificar situaciones de riesgo.
Avanzar hacia mayor autonomía depende de una valoración global: estabilidad emocional, capacidad para cumplir responsabilidades, manejo de conflictos, reconocimiento de detonantes, utilización espontánea de herramientas terapéuticas, calidad de las relaciones familiares y sociales y capacidad para solicitar ayuda antes de que una dificultad se convierta en crisis.
También debe evaluarse cómo responde la persona cuando aumenta progresivamente su libertad. El objetivo no es demostrar que puede desenvolverse sin apoyo cuanto antes, sino comprobar que puede utilizar esa autonomía de forma responsable y sostenible.
Esta lógica de continuidad asistencial está respaldada por la literatura científica. La revisión de J. R. McKay concluye que los cuidados posteriores al tratamiento intensivo producen, en conjunto, beneficios modestos pero relevantes, especialmente cuando son prolongados, mantienen activamente la vinculación con el paciente y se adaptan a los cambios que aparecen durante la recuperación.
Las fases de la recuperación de adicciones, por tanto, constituyen un proceso progresivo de recuperación de capacidades.
H2: Que una persona haya dejado de consumir no significa que deba afrontar sola todo lo que viene después
En Guadalsalus entendemos que cada etapa necesita un acompañamiento diferente y que la recuperación debe adaptarse a las necesidades y evolución de cada paciente.
Por eso, nuestro programa terapéutico de adicciones contempla un itinerario personalizado que combina, según cada caso, centros de ingreso diferenciados para hombres y mujeres, tratamiento ambulatorio y recursos de transición supervisada. Todo ello con atención psicológica y psiquiátrica, seguimiento profesional y trabajo con la familia.
Si tú o un familiar necesitáis ayuda para iniciar o continuar un tratamiento, habla con nuestro equipo. Valoraremos vuestra situación para orientaros sobre el recurso más adecuado en este momento del proceso.
Referencias bibliográficas
American Society of Addiction Medicine. (2023-2025). The ASAM Criteria: Treatment Criteria for Addictive, Substance-Related, and Co-Occurring Conditions (4.ª ed.).
McKay, J. R. (2021). Impact of continuing care on recovery from substance use disorder. Alcohol Research: Current Reviews, 41(1), 01.
National Institute on Drug Abuse. Principles of Drug Addiction Treatment: A Research-Based Guide. National Institutes of Health.
Polcin, D. L., Korcha, R. A., Bond, J., & Galloway, G. (2010). Sober living houses for alcohol and drug dependence: 18-month outcomes. Journal of Substance Abuse Treatment, 38(4), 356-365.
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