¿Qué puede ocasionar una recaída después de un tratamiento de adicciones?

Recaída después de un tratamiento de adicciones | Guadalsalus

Cuando una persona vuelve a consumir después de haber pasado por rehabilitación, es frecuente que ella misma o su familia se pregunten qué salió mal. Tener una recaída después de un tratamiento de adicciones puede vivirse como un fracaso, especialmente cuando se habían invertido meses de esfuerzo y existía la expectativa de que el problema estaba definitivamente resuelto.

Entre el 40-60 % de los adictos recaen después de una rehabilitación. Como centro de adicciones en España entendemos que los factores pueden ser diversos, por lo que que resulta necesario buscar más allá de explicaciones basadas solo en la voluntad.

Una adicción es un fenómeno biopsicosocial complejo y su evolución depende de variables psicológicas, psiquiátricas, familiares, ambientales y asistenciales. Por ello, cuando un tratamiento previo no ha producido cambios suficientemente duraderos, lo importante no es buscar culpables, sino comprender qué factores quedaron por abordar al completo.

Una recaída no significa necesariamente que el tratamiento haya sido inútil

Una recaída no borra automáticamente los aprendizajes alcanzados ni demuestra que todo el proceso anterior fuera ineficaz. El National Institute on Drug Abuse (NIDA) ha señalado que la reaparición del consumo puede indicar la necesidad de retomar, modificar o intensificar el tratamiento, del mismo modo que ocurre con otras patologías de curso prolongado.

Este planteamiento requiere un matiz: considerar la adicción un trastorno susceptible de recaídas no significa normalizarlas ni asumir que sean inevitables. Significa comprender clínicamente las recaídas, identificar qué las precedió y utilizar esa información para reformular el tratamiento.

En el Modelo Guadalsalus, la recuperación va más allá de mantener la abstinencia. Supone desarrollar la autonomía, la gestión emocional, las habilidades de afrontamiento, los vínculos saludables y un proyecto vital capaz de sostenerse fuera del entorno terapéutico.

Razones por las que un tratamiento anterior puede no haber conseguido cambios duraderos

Lamentablemente, algunos enfoques terapéuticos en adicciones tienden a interpretar la recaída principalmente como consecuencia del incumplimiento de las pautas o de una insuficiente implicación de la persona en su recuperación. Sin embargo, los factores que pueden favorecer una recaída en el consumo tras un tratamiento de adicciones son más amplios y complejos.

Responsabilizar de forma exclusiva a la persona que vuelve al consumo no solo supone una lectura muy simplificadora del fenómeno, sino que también puede impedir una revisión crítica de aquellos aspectos del proceso terapéutico que quizá no respondieron a sus necesidades.

Veamos las principales variables psicológicas, psiquiátricas, familiares, sociales y relacionadas con el propio diseño y continuidad del tratamiento que pueden influir en una recaída. Nos permitirá tener una idea mucho más completa de los motivos por los que los adictos recaen después de rehabilitación.

Se consiguió detener el consumo, pero no trabajar lo que había detrás

Desintoxicar no equivale a rehabilitar. Interrumpir el consumo constituye un paso imprescindible, pero puede ser insuficiente cuando la sustancia o conducta adictiva funcionaba como una forma de evitar emociones, conflictos, experiencias traumáticas, inseguridad, soledad o dificultades relacionales.

Desde la perspectiva de Guadalsalus, la conducta adictiva constituye la parte visible de una realidad psicológica, relacional y social más profunda. Por ello, superar una adicción requiere trabajar el síntoma y también los procesos que contribuyeron a originarlo y mantenerlo.

Existía patología dual y uno de los dos problemas quedó sin tratar

Una persona puede presentar a la vez un trastorno por consumo de sustancias y depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, trastornos de personalidad u otra psicopatología. Es lo que denominamos patología dual.

Cuando uno de esos trastornos pasa inadvertido, el tratamiento puede quedar incompleto. La investigación científica respalda la necesidad de una atención coordinada de ambos problemas, aunque existe heterogeneidad entre diagnósticos y no puede afirmarse que una única modalidad integrada sea superior en todos los pacientes. En Guadalsalus incorporamos la evaluación psiquiátrica y psicológica dentro de una valoración completa de cada caso.

El tratamiento no tuvo suficientemente en cuenta el género

Hombres y mujeres pueden compartir un mismo diagnóstico y, sin embargo, presentar historias clínicas y necesidades diferentes. La existencia de experiencias traumáticas, los roles familiares, las formas de expresar vulnerabilidad, la presión social, las responsabilidades de cuidado o determinados patrones relacionales pueden intervenir de manera distinta.

Los estudios sobre adicciones aconsejan no reducir esta cuestión simplemente a separar hombres y mujeres: lo relevante es identificar qué variables vinculadas al sexo y al género influyen en cada caso. Los resultados globales entre hombres y mujeres no son necesariamente diferentes, pero sí pueden variar los factores que predicen su evolución, permanencia o recaída. En Guadalsalus aplicamos la perspectiva de género en la evaluación, el tratamiento y la prevención de recaídas.

El tipo o la intensidad del tratamiento no correspondían a las necesidades de la persona

No todos los casos necesitan la misma intensidad de tratamiento. Un tratamiento ambulatorio puede resultar adecuado para una persona con suficiente estabilidad y apoyo, pero insuficiente cuando existe una elevada gravedad clínica, pérdida importante de control o un entorno incompatible con la recuperación.

Del mismo modo, prolongar innecesariamente un régimen muy restrictivo tampoco constituye una solución. La intensidad debería ajustarse de acuerdo a la evolución clínica, al entorno y al grado de autonomía. El Modelo Guadalsalus contempla precisamente distintos tipos de tratamiento de adicciones —residencial, transición supervisada, unidad de día y tratamiento ambulatorio— asignados según las necesidades individuales.

Se produjo una vuelta demasiado rápida al mismo entorno

Una persona puede desenvolverse de forma adecuada dentro de un contexto terapéutico protegido y experimentar importantes dificultades al reencontrarse con conflictos familiares, antiguos compañeros de consumo, responsabilidades laborales o determinados lugares y estímulos.

Por eso, la transición hacia la autonomía debería ser progresiva. En Guadalsalus trabajamos en una reincorporación escalonada con la que aumenta paulatinamente la responsabilidad personal mientras se supervisan los riesgos familiares, sociales y laborales.

No se trabajó suficientemente con la familia

La familia no es responsable de que una persona desarrolle una adicción, pero determinadas dinámicas familiares pueden favorecer o dificultar la recuperación. Aprender a establecer límites, comunicarse de otra manera, dejar de facilitar involuntariamente determinadas conductas y detectar señales de riesgo puede resultar decisivo.

Un metaanálisis de 16 ensayos clínicos encontró que incorporar personas significativas al tratamiento producía mejores resultados que las intervenciones exclusivamente individuales, con beneficios que podían mantenerse entre 12 y 18 meses. Guadalsalus entiende que la familia es una parte esencial del proceso terapéutico. Por eso participa en él y recibe formación.

Faltó continuidad después de la fase más intensiva

El alta no debería interpretarse como la desaparición inmediata de la necesidad de acompañamiento. Los datos disponibles muestran un beneficio, aunque de magnitud variable, de los programas de continuidad asistencial después del tratamiento inicial.

En Guadalsalus, el seguimiento pretende revisar situaciones de alto riesgo, factores protectores, estrategias de afrontamiento, decisiones previas a posibles recaídas y cambios en el sistema familiar.

¿Qué debería evaluarse antes de iniciar un nuevo tratamiento?

Ante una recaída, repetir exactamente el tratamiento anterior sin analizar qué ocurrió puede suponer una oportunidad clínica perdida. Una nueva valoración debería explorar de manera integrada:

  • diagnóstico psicológico y psiquiátrico;
  • posible patología dual;
  • variables relacionadas con sexo y género;
  • entorno familiar, social y laboral;
  • funcionamiento y necesidades de la familia;
  • grado actual de autonomía;
  • tratamientos anteriores y circunstancias de las recaídas;
  • intensidad y recurso asistencial más adecuados.


Por eso, tras una recaída, es esencial no quedarse en por qué volvió a consumir, sino en qué necesitamos comprender ahora que antes no habíamos comprendido suficientemente.

Dejar una adicción no consiste únicamente en retirar una sustancia de la vida de una persona. Implica ayudarla a construir una vida en la que ya no necesite recurrir a ella para escapar de sí misma, de sus emociones o de su realidad.

En Guadalsalus tratamos la adicción desde el origen, con supervisión médica, psicológica y psiquiátrica, y acompañamiento para la familia. Contamos con centros de ingreso diferenciados para hombres y mujeres en Sevilla, tratamiento ambulatorio en Madrid, Sevilla, Cáceres, Cádiz o Valencia, y la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria Vithas Guadalsalus. Si necesitas ayuda, puedes solicitar una primera valoración para que nuestro equipo valore el caso y te oriente.

Referencias bibliográficas

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