El consumo problemático y la adicción no solo se diferencian, sino que son realidades diferentes. Descubre qué comportamientos hay tras una y otra realidad y cuál es la diferencia principal entre ambas situaciones.
Cuando hablamos de consumo problemático nos referimos a un patrón de consumo de alcohol y/o drogas que está teniendo consecuencias negativas en nuestra vida. Cualquier consumo de tóxicos tiene siempre consecuencias negativas en la salud, pero en otras ocasiones puede irse de las manos y empezar a afectar a nuestro rendimiento en el trabajo, altera nuestros estados de ánimo, repercute en la economía doméstica, deteriora mis relaciones con los demás… entonces ese consumo se torna problemático y, en consecuencia, requiere una intervención para detenerlo.
Esa intervención viene en muchas ocasiones de la propia persona, que se esfuerza por cambiar sus hábitos tóxicos por otros saludables. Otras veces, la edad, el cambio de ambiente social y amistades, el cambio de planteamiento vital, el descubrimiento de las bondades de una vida sana o cualquier aviso que nos da el cuerpo para que nos cuidemos hacen que se extinga la «conducta problema». En todas las ocasiones, la ayuda profesional y familiar juegan un papel importante para dejar atrás estas dificultades y ver qué ocultaba ese consumo problemático: tristeza, incomprensión, frustración, dificultades que no me veo con fuerza para afrontar…
En cambio, la adicción no puede superarse por uno mismo, a fuerza de voluntad. Tú no controlas la adicción, sino que la adicción te controla a ti. Introduce sesgos, autoengaños y pensamientos intrusivos en tu mente y potencia comportamientos que facilitan el consumo de sustancias, como la mentira, la manipulación, el victimismo, el complacer, la impulsividad, el quedar por encima… Es decir, una persona con consumo problemático puede dejar de consumir tóxicos por ella misma; un adicto, no.
El consumo problemático es una conducta con consecuencias desastrosas. La adicción añade a todo esto pérdida de control, síndrome de abstinencia y persistencia pese al daño. Son cosas distintas y, precisamente por ello, requieren modos de abordaje psicológico muy diferentes.
A este respecto, es muy conocido el estudio llevado a cabo por Alan Leshner en 1997, ampliado en 2010 por L. Robins: en la guerra de Vietnam, muchos soldados comenzaron a consumir heroína. La heroína es fuertemente adictiva pero, al volver a casa, el 90 % dejó de consumir heroína sin tratamiento. Algunos incluso dudaron que la adicción fuese una enfermedad crónica y autores como Stea, Yakovenko y Hodgins (2015) comenzaron a hablar sobre la «recuperación natural» (natural recovery).
Si no se trataba de un milagro, entonces ¿qué estaba ocurriendo? Sencillamente, esos soldados que se recuperaron solos no eran adictos, solo tenían un consumo problemático. Si hubieran sido adictos, no se habrían recuperado solos.
Ahora bien, imaginaos por un momento que a ese 90 % de soldados con un consumo problemático los ingresamos en un centro de adicciones y hacen el mismo tratamiento que un paciente con trastorno adictivo: meses de ingreso, varios años de terapia, privaciones de por vida, horarios estrictos y pautas innegociables… Pues bien, esto está ocurriendo con demasiada frecuencia. Así es, en la mayoría de centros de adicciones no distinguen entre consumo, consumo abusivo, consumo problemático, dependencia o adicción. Para ellos todos son adictos y a todos los tratan como enfermos, pero no todos tienen un trastorno adictivo.
Esto ocurre, en muchas ocasiones, por la falta de formación de los profesionales del centro o porque, directamente, los terapeutas no son profesionales sanitarios; evalúan conforme a criterios muy básicos, sin tener capacidad para distinguir entre casos, incurriendo en un grave intrusismo profesional. Por si esto fuera poco, hay un problema añadido: la falta de ética. Es más rentable tratar a todos como enfermos crónicos y tenerlos en terapia toda la vida. Como consecuencia, se expone a los pacientes a graves riesgos, incurriendo en un delito contra la salud pública.
Por todo esto, recuerda que consumo problemático y adicción no es lo mismo: todo incendio no es un volcán; para actuar, hay que distinguir. Si quieres saber en qué punto estás tú o tu familiar:
1. Observa frecuencia y consecuencias.
2. Detecta pérdida de control ("dije una copa, pero fueron seis").
3. Acude a centros reconocidos y cualificados antes de que te etiqueten. Conoce en qué fijarte al elegir un centro de desintoxicación.
En Guadalsalus tratamos cada caso con criterio, con centros diferenciados para hombres y mujeres, así como una red de centros ambulatorios en España (Sevilla, Cádiz, Madrid y Cáceres). Da el paso y pide orientación: cuanto antes exista un plan ajustado a tu situación o la de tu familiar, antes podrás vivir con plenitud.
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