¿Qué tipos de ludópatas hay?

¿Qué tipos de ludópatas hay? ¿Qué tipos de ludópatas hay?


El ludópata es una persona que padece un trastorno psicológico que afecta entre el 1 y el 3% de la población. Pero, aunque se trata del mismo trastorno adictivo, hay diversos tipos de ludópatas. Por eso queremos responder hoy a la pregunta… ¿Qué tipos de ludópatas hay?

Lo primero que tenemos que hacer es no confundir ludópata con ludopatía. Existen 6 tipos de ludopatía, a saber: 1. juegos de azar, 2. tragaperras, 3. videojuegos, 4. juegos de rol, 5. apuestas deportivas y 6. micro-transacciones.

En cambio, cuando hablamos de ludópatas hablamos de personas, no de modalidades de juego. En este sentido, hoy es ampliamente aceptada la tipificación de 7 clases de ludópatas o perfiles de jugador.

1. El jugador profesional

Se trata de la persona que se dedica al juego como una profesión. Quizás por ello, no todos los jugadores profesionales llegan a ser jugadores patológicos. De hecho, en ocasiones poseen estrategias para conseguir ganancias que hacen gala de un notable autocontrol, paciencia y de una tolerancia a la frustración que no poseen los perfiles adictivos, que sí son impulsivos e incapaces de valorar las consecuencias de sus actos a medio-largo plazo.

2. El jugador social o jugador casual

Es un jugador puntual, asociado a los momentos lúdicos o de ocio. Su motivación es socializar, aliviar el estrés, divertirse o pasar el rato. Generalmente, no existe una relación directa entre ganancia y autoestima. Además, aún posee ciertas dosis de control que le permiten solo pérdidas no muy altas.

3. El jugador vulnerable o serio

Se caracteriza por su necesidad de dedicar varias horas diarias al juego como un modo de evadirse del estrés diario. Este modo de relacionarse con el juego conlleva una importante inversión de tiempo y de dinero. Esto suele acarrear problemas en el ámbito familiar, profesional e incluso social, porque se empiezan a generar deudas ante préstamos impagados o sustracciones a personas del entorno.

Aquí ya encontramos rasgos explícitamente patológicos que, si existe en la persona un perfil vulnerable o de riesgo, terminarán derivando en una adicción al juego más pronto que tarde.

4. El jugador en huida emocional

A diferencia del anterior, este tipo de jugador utiliza el juego como la única estrategia de evasión o alivio que conoce para hacer frente a sus dificultades emocionales, tales como la ansiedad, la frustración, la depresión, la baja autoestima, las dificultades de comunicación o socialización, la incapacidad para afrontar dificultades…

Evidentemente, es una estrategia errónea que, además, les lleva a jugar de una forma impulsiva y compulsiva, muy emocional y nada racional, que les hace propensos a apostar sumas elevadas sin obtener ganancias casi nunca y, lo peor, sin capacidad para anticipar sus consecuencias.

El resultado es justo el contrario al perseguido: los problemas se multiplican y, con ellos, también las emociones negativas y autodestructivas.

5. El jugador conservativo

Se denomina así a la persona que juega por curiosidad, seducido por la emoción de que podría ganar una suma de dinero inesperada. No obstante, no juega por el dinero, sino para experimentar emociones intensas.

A pesar de la intención inicial de esta persona al iniciarse en el mundo del juego, nadie le exime del riesgo de terminar convirtiéndose en un jugador patológico.

6. Jugador antisocial

Se le llama antisocial porque, para satisfacer su objetivo de ganar una elevada suma de dinero a toda costa, está dispuesto a cometer ilegalidades, irregularidades o incluso hacer daño a otras personas con manipulaciones, robos, mentiras o violencia. Posee rasgos límites de personalidad con un fuerte carácter disocial y narcisista.

7. Jugador compulsivo

Encarna el perfil de ludópata más evidente. El jugador compulsivo ha perdido o comprometido gravemente su propia autonomía, libertad y voluntad, de modo que ahora está controlado por el juego y la necesidad de ganar dinero, generalmente para hacer frente a pérdidas contínuas y cada vez mayores.

Aunque se caracterizan precisamente por no admitir que es el juego quien los controla, la realidad es otra: han ido empobreciendo su ámbito de intereses, merma su desempeño laboral, su vida familiar se reduce a mentir para tapar mentiras… y no pueden dejar de repetir estas conductas porque, da igual si ganan o pierden, las ganas de continuar apostando crecen por días.

Se caracterizan por vivir 2 autoengaños:

-Puedo dejarlo cuando quiera: cada vez que intentan dejar el juego, recaen con más fuerza; cada vez que se ponen un tope de pérdidas en una partida, no pueden evitar superarlo.

-Si he tenido una racha de pérdidas, están aumentando mis probabilidades de ganar en la próxima apuesta (pensamiento mágico o supersticioso).

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